INGRID EYES: La niña de tus
ojos
El cine suele construirse
a partir de la mirada masculina sobre la mujer. Por eso la mujer que
(nos) devuelve la mirada, desde la Monika de Bergman (hace ya medio
siglo), abre un espacio especialmente fecundo y turbador, sobre todo
cuando su interpelación no tiene un sentido claro, agotado
por la narración. Es el caso de Ingrid, la protagonista de
esta hermosa pieza de Pedro Pinzolas. Esto es un understatement:
no hay una Ingrid, sólo un par de ojos que miran a cámara
directamente; no hay movimiento, salvo el incesante proceso de reencuadre
que hace que sus ojos ocupen crecientemente la pantalla; no hay progresión,
sino un bucle que se repite hasta tres veces. No hay tampoco historia,
salvo la de la canción que oímos, “Hey Joe";
el relato del hombre que balaceó a su mujer proyecta
una sombra de inquietud adicional a la intriga formal: la tensión
irresuelta de esa repetida mirada sostenida. Contundente, opaca y
de ejecución tan limpia que ronda lo conceptual, “Ingrid
Eyes” no desvela el secreto de la última de las hijas
de Monika.
Antonio Weinrichter